martes, abril 10, 2007

vázquez, un café

cuando era pequeña las cuatro paredes de su bar eran el centro de reunión del pueblo. era el único que tenía teléfono, café, un futbolín y un millón de moscas. prácticamente todas las tardes de agosto de mi infancia le ví detrás de la barra. no sé por qué extraña razón le imagino con un jersey de pico beige y un pantalón de tergal gris. le recuerdo tosiendo y metiendo medio cuerpo en la cámara de los helados buscando un polo de fresa para mí. vendía helados 'avidesa', puros 'farias' y 'huesitos'. tenía poco más. todos le querían y era un ser necesario. recogía los recados al teléfono y las medicinas del autobús. daba línea y ofrecía literatura en las paredes de su cabina. hoy vázquez se ha ido de la plaza para siempre. quizá vaya a ese mundo exterior que siempre nos hizo creer que había detrás de los picos. donde se pone el sol cada tarde. ojalá se haya llevado una baraja de cartas

1 comentario:

Patricia dijo...

Hola nena, Que razón tienes, Váquez era mucho Vázquez para una sola vez y creo que todo aquel que haya pasado alguna vez por Espinama y haya tenido ocasion de cruzar dos frases con el lo recordará. Es imposible no tener ningun recuerdo de el, es imposible para los viejos que jugaban la partida y que hoy sienten que les falta algo, y para los niños a los que nos quitaba la nariz y nos hacia de rabiar. Era Vázquez.